Pies para qué los quiero si tengo alas pa’ volar

Frida Kahlo

Pintora
CDMX – CDMX
06/07/1907 – 13/07/1954

La mujer que pintó sus alas

🖋 Andrea Albarrán © (@AndyP_BG)

Frida viene del germano «paz», pero esto no pudo amainar las cascadas vertiginosas que supusieron mi vida.

Llegué a este mundo el 6 de julio de 1907, aunque siempre he dicho que mi nacimiento aconteció junto a la Revolución Mexicana, en 1910. Me crié con la leche de los pechos de mi nana, una mujer indígena. A los 7 años, contraje poliomielitis, lo que enfermó mi pierna derecha, dejándola maltrecha y débil. Por ello, como parte de las terapias practiqué todo tipo de juegos, incluidos los que no eran para las niñas, como el fútbol, la natación y el boxeo.

Mi padre era un reconocido fotógrafo que me enseñó a utilizar la cámara y a lograr la magia del revelado; además, aprendí a retocar y colorear fotografías con trazos muy pequeños, ahí nació mi gusto por el dibujo. 

Al entrar a la Escuela Nacional Preparatoria fui una de las 35 mujeres inscritas entre otros dos mil hombres que había entonces. Me uní al grupo “Los cachuchas”, con quienes hablaba de política y literatura. También nos rebelábamos. En una ocasión, utilicé una bomba y fui expulsada. En esa época me encontró un accidente intempestivo, demoledor, al estrellarse un tranvía contra el camión en el que viajaba.

Todo ocurrió en cámara lenta, pero generó una roja devastación en mi cuerpo: fracturas en la pelvis, en las vértebras, lesiones en las costillas, en el codo, 11 fracturas en mi pierna derecha y una barra de hierro que me atravesó. Los doctores dudaban de mi supervivencia, porque había solo un 1% de probabilidades de que viviera. Y sobreviví.

El destino me cobró a cambio un dolor crónico y una inmovilidad aparatosa. Me concedió también la posibilidad en los pinceles, como artilugios creadores de las alas que permitirían liberarme. Utilicé mis propias armas: pinturas y lienzos. Lienzos espejo, donde me miraba reflejada y le daba color a mis sentimientos. 

Compuse, sin saberlo ni quererlo, una autobiografía de óleo y técnicas mixtas donde me desnudé y escribí con pintura mis temores, amarguras, angustias y deseos. Pinté a otros y me pinté a mí misma: compañera de soledad y el motivo que mejor conozco. Descubrí las heridas aún sangrantes de mi alma, sin importar que se tratara de temas inentendibles, temas tabú: el dolor, el cuerpo femenino, la sexualidad o el aborto.

Rodeada de libros y corsés, óleos y drogas, brochas y pastillas, y de la presencia arrasadora e intermitente de Diego, continué pintando. Fui la primera mexicana en vender un cuadro al Museo de Louvre en París y mis creaciones lograron que artistas de todo el mundo reconocieran a México.  

Me inspiré en otros creadores, pulvericé las estrellas de Van Gogh, y aunque muchas veces me catalogaron como surrealista, yo no pintaba sueños sino una realidad propia. También impartí clases en la casa y contagié a mis alumnos el gusto por el arte popular mexicano. 

Yo quería ser madre. Lo intenté a pesar de que mi vida corría peligro. Sufrí lo impronunciable al conocer lo que era un aborto durante mi estancia en Detroit. Me marcó para siempre y fue uno de los deseos que no pude ver consumado. 

Durante toda mi vida me realizaron 32 cirugías. A los 27 años ya me habían amputado varios dedos del pie y en la última intervención me quitaron la pierna derecha. 

Al calor del verano de 1954, pinté unas sandías que ofrecen su pulpa jugosa en rebanadas de distintas formas, las obsequié con la frase “¡Viva la vida!”. Ese mismo año, escribí en mi diario: “Espero alegre la salida y espero no volver jamás”; siete días después de mi cumpleaños 47, me fui.

Este relato es producto de la investigación e imaginación de la autora.

Frida Kahlo

  • Gracias a sus creaciones, artistas de todo el mundo reconocieron a México como un país de grandes talentos y una cultura fascinante.
  • Fue la primera mexicana en vender un cuadro al museo de Louvre en París.
  • Sus inclinaciones políticas se identificaron con los movimientos socialistas. 
  • En 1954 pintó su último cuadro con la inscripción “¡Viva la vida!”
  • Murió a los 47 años en su casa  de Coyoacán, hoy conocida como el Museo Frida Kahlo.

Bibliografía

Bonifacio Hernández, L. (2008) “Frida Kahlo: más allá del mito. Reportaje” (Tesis de licenciatura) Fes Acatlán, UNAM, México.
Martínez, C. (2018). Grandeza de las mujeres mexicanas. La otra parte de la historia. México. pp. 259-268.
Mendizábal, Reyes. P. (1997) “Frida Kahlo a través de su obra” (Tesis de licenciatura) Fes Acatlán, UNAM, México

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